Hace mas de 75 años un grupo de inmigrantes fundaban Comunidad Jerusalem, sin embargo en ese mismo instante, el mundo estaba gestando la mayor atrocidad de la humanidad, LA SHOA. Pero a pesar de que muchos de los fundadores, dejaron todo (hasta sus familias) en los países donde habían nacido, llegaron a la Republica Argentina, escapándose y busca de un futuro mejor, con el anhelo de que sus seres queridos también lleguen a estas tierras.
Hoy sabemos que no todas las familias lograron reencontrase, que hubo hijos que nunca más vieron a sus padres, Millones de familias destruidas, 6.000.000 de judíos asesinados por el nazismo; Pero a pesar de tanto sufrimiento y dolor, lograron mancomunadamente construir nuestras comunidades.
Estos fundadores, no solo construyeron edificios, sino que forjaron vida judía e ideales sionistas; No trajeron consigo grandes pinturas o bienes materiales, rescataron de la barbarie los Sifrei Torah, Sidurim editados en Rusia durante el 1800 Jumashim editados en Europa durante el 1900, entre otros elementos los cuales hoy tenemos en nuestra comunidad.
Nos dejaron un nombre Yeudim, descendientes de la tribu de Judá (tribu de Jacob), La creencia en Di´s todopoderoso, el respeto de nuestra Torah, la preservación del shabath, el valor inajenable de la familia y la importancia de la vida en comunidad; En conclusión nos dejaron la responsabilidad de la continuidad, de la educación, de la tradición, del estudio y el respeto a la Tora.
Esa Tora que recibió Moshe en el Monte Sinaí, La misma que fue transmitida oralmente de generación a generación, con la cual murió en la hoguera Rabí Akiva, la que los Judíos de Rusia protegían en los pogroms, la que miles de Judíos Europeos trajeron a América, la que muchas veces nos prohibieron estudiar, la que Ilan Ramon (primer Astronauta Israelí) llevo en su primer y único viaje al espacio, la que nuestros hijos recibieron en el Shule, la que nosotros terminamos de escribir hace poco más de año y hemos dejado para futuras generaciones.
Seguramente el contexto social y nacional en que vivimos, nos trae acompañado replanteos y cuestionamientos cotidianos del que hacer comunitario; Sin embargo, solo la esencia más primitiva de nuestros valores podrá garantizarnos que nuestros nietos sean judíos y puedan llevar una vida como tales. Por eso es fundamental que tengamos claro y retomemos diariamente a la génesis de nuestra comunidad.


Raquel Wallach - Gaston Scolnik